Medicinal

2025-03-27 13:14:21

La droga más peligrosa es el alcohol, pero nadie quiere que lo sepas

Según un estudio publicado en The Lancet, el alcohol es la droga más dañina, aunque es legal y profundamente normalizada. Por otro lado, el cannabis y los hongos, mucho menos peligrosos y de uso medicinal, siguen estigmatizados por su prohibición. La legalidad no siempre refleja el daño real.

En una de las investigaciones más completas sobre el impacto de las drogas en la salud y la sociedad, liderada por un equipo de científicos del Reino Unido y publicada en una revista médica de alto prestigio, se evaluaron los efectos de veinte sustancias según el daño que provocan tanto al consumidor como a terceros. El resultado fue claro. La droga más peligrosa, con diferencia, no fue la heroína ni el crack: fue el alcohol.

Esta conclusión no fue tomada desde el prejuicio, sino desde la ciencia. El alcohol obtuvo un puntaje de 72 en la escala de daño total, el más alto entre todas las sustancias analizadas. En comparación, la heroína alcanzó 55, el crack 54, y el tabaco 26. El cannabis —usualmente demonizado en el discurso oficial— quedó en octavo lugar, con un puntaje de 20. A pesar de esto, en Paraguay el alcohol es de venta libre, forma parte central de la vida social, y no es objeto de ninguna campaña real de restricción. El cannabis, por el contrario, sigue siendo penalizado, incluso para quienes lo usan con fines medicinales.



Daña a quien lo consume, daña a quienes lo rodean

El modelo de evaluación utilizado por los investigadores incluyó criterios como mortalidad, deterioro físico, daño mental, dependencia, deterioro de capacidades, pérdida de relaciones personales, dificultades familiares, costos económicos y delitos asociados. En ese esquema, el alcohol obtuvo el puntaje total más alto: 72 puntos, muy por encima de la heroína (55), el crack (54) y la metanfetamina (33). El cannabis, en comparación, sumó 20.

¿Por qué tanto daño? Porque el alcohol no solo deteriora el cuerpo y la mente del consumidor, sino que está profundamente vinculado a violencia doméstica, accidentes de tránsito, delitos, ruina económica, abandono familiar y costos sanitarios altísimos. No se trata solo de una cuestión de salud individual: los daños colaterales lo convierten en una sustancia de alto riesgo social.

Y además, es omnipresente. El alcohol está vinculado al entretenimiento, al deporte, a las celebraciones. Es patrocinador de eventos deportivos, se asocia con la masculinidad y el éxito, y su publicidad rara vez es cuestionada. Mientras tanto, quienes cultivan una planta para tratar una dolencia corren el riesgo de ir a prisión.

En Paraguay, el alcohol es parte del paisaje

Lejos de advertirse sobre estos riesgos, el consumo de alcohol en Paraguay está completamente normalizado. Según la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo 2022, el 57,7% de la población paraguaya consume bebidas alcohólicas, con una prevalencia del 71,2% en hombres. El consumo excesivo episódico afecta a casi uno de cada cinco paraguayos. Además, el alcohol está presente en al menos el 20% de los accidentes de tránsito fatales.



Se vende en despensas, estaciones de servicio, supermercados. Se publicita abiertamente, se ofrece en eventos públicos, y se introduce en la vida de muchas personas desde la adolescencia. No existen campañas masivas que adviertan sobre su impacto real. El silencio institucional no es casual.

El tabaco, por su parte, figura como la sexta droga más dañina en el mismo estudio. Su nivel de dependencia, los daños pulmonares y cardiovasculares, así como su mortalidad asociada, lo convierten en una amenaza constante. A pesar de ello, Paraguay —uno de los mayores productores de tabaco de la región— sigue sin políticas firmes de reducción de consumo. La industria tabacalera es fuerte, con vínculos estrechos con el poder político y económico.

Cannabis: penalizado a pesar de su menor impacto

El cannabis, en cambio, sigue en la mira. Aunque Paraguay aprobó la Ley 6007/17, que permite su uso medicinal e industrial bajo estricto control estatal, el acceso sigue siendo limitado. Solo empresas con permisos pueden cultivar, y el autocultivo está prohibido, incluso para pacientes con enfermedades crónicas.

Su uso recreativo continúa penalizado por la Ley 1340/88. Aunque la tenencia de hasta 10 gramos está despenalizada solo si hay receta médica, cualquier cultivo puede ser considerado tráfico. Esto no solo contradice los datos científicos, sino que perpetúa una política basada en prejuicios.

El cannabis, al igual que los hongos psilocibios o el LSD, está en la parte baja del ranking de sustancias dañinas. Pero el enfoque legal sigue basado en la represión. Penalizar su uso mientras se celebran públicamente sustancias más peligrosas no es coherente ni justo.

¿Qué droga es realmente peligrosa? La ciencia responde

A continuación, el gráfico basado en la evidencia científica expone los daños combinados (al consumidor y a terceros) de cada sustancia. En azul, las drogas legales. En rojo, las ilegales. El contraste es tan claro como inquietante.

La puntuación combina:

-Daños al consumidor: mortalidad directa, deterioro físico y mental, dependencia, pérdida de vínculos, deterioro funcional
-Daños a terceros: violencia, delitos, accidentes, carga familiar, impacto económico, costos al sistema de salud



El costo de sostener la hipocresía legal

El problema no es solo sanitario. Es político, económico, cultural. El costo de sostener esta doble moral es altísimo: vidas perdidas, familias destruidas, recursos públicos desviados, y una política de drogas que castiga la planta y protege la botella. El uso abusivo de alcohol y tabaco es consecuencia directa de haber normalizado lo que es legal y demonizado lo que fue prohibido sin evidencia.

En ese marco, es urgente que Paraguay revise su enfoque. No se trata de permitir todo ni de negar los riesgos, sino de reconocer que la ilegalidad no siempre refleja el daño real, y que criminalizar a los menos peligrosos mientras se tolera a los que más matan, no puede seguir siendo el camino.

Una advertencia necesaria

Es importante diferenciar entre drogas realmente dañinas y aquellas con potencial medicinal. Pero también es clave no caer en la banalización. Que el cannabis o los hongos tengan menor daño comparado con otras sustancias, no significa que su uso sea irrelevante. Si una persona decide consumir, debería hacerlo desde la información, el cuidado y la conciencia.

Y si existe ya un consumo instalado, la mejor forma de reducir riesgos y encontrar equilibrio es incorporar actividades físicas regulares: caminar, correr, andar en bici, practicar yoga, nadar, bailar. El cuerpo también es una herramienta de sanación. Y a veces, moverse es más efectivo que cualquier sustancia.