Medicinal

2025-03-26 11:10:38

Medicina guaraní: cómo se curaban sin hospitales ni farmacéuticas

Según un estudio del Ministerio de Salud Pública de Paraguay, los guaraníes desarrollaron un sistema terapéutico complejo, basado en plantas, cantos y equilibrio espiritual, que aún hoy deja huellas en la medicina natural.

Durante siglos, los guaraníes practicaron una forma de medicina que no dependía de hospitales ni fármacos, sino del vínculo con el monte, el cuerpo, los espíritus y la comunidad. Este sistema de salud propio, profundo y simbólico fue documentado por el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social en un estudio que reconstruye cómo comprendían, clasificaban y trataban las enfermedades. El conocimiento medicinal guaraní no era empírico ni improvisado: respondía a un orden de saberes transmitidos oralmente, aplicados por figuras respetadas como los chamanes o paî, cuya función combinaba el rol de sanador, guía espiritual y protector colectivo. Los tratamientos no eran solamente botánicos: se utilizaban cantos, baños, ayuno, aislamiento, silencio, objetos rituales y también el humo del tabaco, que era aplicado a través de una pipa de cerámica con un tubo de caña, especialmente para curar heridas profundas, purificar o expulsar males. La medicina era un acto de reparación física, emocional y espiritual.

Tres grupos de plantas medicinales guaraníes

El estudio señala que los guaraníes organizaban las plantas medicinales en tres grandes grupos, según su energía y función terapéutica. Pohã roỹsã eran remedios refrescantes, usados para fiebres, limpieza del cuerpo, diuréticos y problemas vinculados al “calor interno”. Pohã akú, por el contrario, eran remedios calientes, empleados para enfermedades provocadas por el frío, la humedad o el viento, como dolores articulares, congestiones o estados de debilidad. Y pohã pochy eran consideradas plantas poderosas y peligrosas, utilizadas con extrema precaución por el chamán en casos de enfermedades graves, daños espirituales o intervenciones delicadas. Esta clasificación refleja una lectura energética del cuerpo y del entorno, con gran precisión en los efectos y riesgos de cada planta. La aplicación variaba según el caso: algunas se tomaban en infusiones, otras en baños, otras se inhalaban, se frotaban o incluso se aplicaban por medio de humo.



Petyngua, pipa ceremonial mbya guaraní.

Remedios naturales: lista de plantas y usos según el documento oficial

Entre los remedios utilizados, el ka’a ruru se empleaba como emético, para provocar el vómito y purificar el cuerpo. La guavira (Campomanesia xanthocarpa) se usaba para reducir la fiebre y calmar el “calor interno”. La raíz del karanda’y (Copernicia alba) era hervida y aplicada en cataplasmas o baños para bajar inflamaciones. El ñangapiry se indicaba en el tratamiento de enfermedades de la piel. El yvyrá pytã (Peltophorum dubium) era usado en baños de limpieza física y espiritual. El kuratu (Petiveria alliacea) tenía acción antiséptica y desinfectante, especialmente en heridas abiertas. El ambay (Cecropia pachystachya) se usaba como expectorante en problemas respiratorios. El ñuatĩ pytã, de raíz rojiza, era una planta de uso dual: físico y ritual. El ñuatĩ morotĩ, de raíz blanca, se usaba para dolores intestinales y desequilibrios digestivos. El tatakua ka’a se indicaba contra dolencias musculares y reumáticas. La karaguata tenía uso tópico para limpiar y cicatrizar heridas. La yvoty pytã, una flor de uso ceremonial, se tomaba en infusión para curar el “alma herida”, estados depresivos o angustia profunda. Y el ka’arẽ se bebía como tónico de recuperación, especialmente después de enfermedades largas o experiencias traumáticas.

Curar el cuerpo era también curar el espíritu

El sistema terapéutico guaraní no solo apuntaba a sanar el cuerpo: su verdadera meta era restaurar el equilibrio roto entre la persona, los espíritus y el entorno. El curandero, o paî, era el mediador entre esos mundos. No se limitaba a administrar plantas: evaluaba el origen del mal, determinaba si se trataba de un desequilibrio natural o de un daño provocado, y decidía si la curación debía ser física, espiritual o ambas. Los cantos eran medicina, pronunciados con ritmo, conocimiento y memoria, y se aplicaban en sesiones largas, incluso sin contacto físico. Las personas enfermas podían ser aisladas durante varios días, acompañadas por silencios, ayuno, humo o agua, en lo que constituía un tratamiento integral. Todo el proceso estaba guiado por el paî, sabio espiritual que conocía los cantos y plantas apropiadas para cada situación. Este conocimiento no se escribía ni se enseñaba de forma escolarizada: se transmitía en la experiencia, en la escucha y en la práctica. A pesar de los intentos históricos por suprimirlo, este sistema de salud no desapareció. Muchas de sus especies, usos y principios siguen presentes en el pohã ñana paraguayo: en las hierbas del tereré, en los baños de purificación, en las recetas populares, en los rezos que aún acompañan un baño o una infusión. Lejos de ser un recuerdo, esta medicina sin hospitales ni farmacéuticas sigue latiendo en el monte, en las casas y en las palabras de quienes aprendieron a sanar con lo que crece de la tierra.