El operativo se realizó en una vivienda deshabitada de Encarnación, donde agentes de la SENAD arrancaron tres plantas de cannabis en fase vegetativa que crecían en el patio. Las fotos oficiales muestran ejemplares pequeños, sin floración y sin valor comercial. No hubo detenidos, no apareció marihuana procesada y no existía ningún elemento que sugiriera tráfico o comercialización. Aun así, la intervención fue presentada como un logro institucional.
Nada de lo incautado fue sometido a análisis. No se determinó si las plantas contenían THC, si eran variedades de CBD o si carecían totalmente de composición psicoactiva. Con plantas jóvenes y sin cogollos no hay forma de establecer relevancia penal. Sin embargo, la operación se mostró como golpe al microtráfico, pese a que la Ley 1340 (artículo 30) protege hasta diez gramos para uso personal, y la Ley 6007 (artículo 2) obliga al Estado a garantizar acceso medicinal.

Agente de la SENAD observa la planta hallada en un patio baldío y presentada luego como trofeo institucional.
Un operativo que repite un patrón conocido
Lo ocurrido en Encarnación repite un esquema reciente. En octubre se publicó el caso titulado “Otro show policial: gran despliegue antinarcótico por tres gramos de marihuana”, donde menos de tres gramos fueron mostrados como evidencia decisiva. Ahora, tres plantas sin floración vuelven a ser presentadas como un operativo relevante.
La escena también recuerda el caso de abril de 2024 en Guairá, cuando la ciudadana suiza Marianne Rita Baumann, de 62 años, fue detenida por dos plantas de cannabis. A pesar de que no había indicios de tráfico, la intervención derivó en allanamiento y proceso penal. En todos estos casos, la mecánica es la misma: plantas mínimas convertidas en espectáculo institucional.

En otro caso, la Policía expuso a Rita Baumann como delincuente por solo dos plantas.
En Encarnación, como en los anteriores, lo que existe es un relato. Una puesta en escena orientada a mostrar acción donde no había delito.
El operativo dentro de la narrativa del Plan SUMAR
El operativo de Encarnación encaja en la lógica del Plan SUMAR, presentado como política nacional de prevención pero estructurado como un dispositivo de narrativa: producir imágenes, operativos visibles y acciones mediáticas que sostengan la idea de una lucha constante contra las drogas. Tal como se analizó en el artículo “Un plan millonario sin fundamento científico: el gasto y la narrativa del Plan SUMAR”, gran parte del dinero del plan se dirige a consultorías, viáticos y operativos, mientras queda en duda el sustento científico de sus acciones.

El operativo movilizó agentes, policías, Fiscalía y al infaltable fotógrafo para registrar el show
En ese esquema, microincautaciones como esta permiten generar fotos, justificar recursos y sostener la imagen de actividad, aunque no exista delito ni impacto real. Tres plantas sin floración encontradas en un patio abandonado terminan sirviendo como soporte de una política diseñada más para mostrar que para resolver.
La contradicción con lo que decía el propio ministro
Cuando en 2024 se le consultó a Jalil Rachid, hoy ministro de la SENAD, sobre el caso de la ciudadana suiza detenida por dos plantas, él había sido contundente al cuestionar ese tipo de procedimientos.
“Si yo fuese fiscal y me llevan este tipo de casos, les meto presos a ellos. Si fuese hoy en día, como máxima autoridad de la Senad, se come un sumario fenomenal.”
Hoy, bajo su mando, la SENAD vuelve a presentar como “operativo” lo que no pasa de ser tres plantas jóvenes en un patio vacío. Si las palabras se sostienen, corresponde un sumario por mal uso de recursos públicos y por convertir una intervención sin relevancia en un espectáculo institucional.

El ministro de la SENAD, Jalil Rachid, había cuestionado públicamente estos procedimientos.
Un cierre necesario: dejar de perseguir plantas y pensar en futuro
La política de perseguir plantas mínimas ya demostró ser ineficaz y contraproducente. Paraguay es uno de los mayores productores de cannabis del mundo, pero en vez de transformar esa realidad en una ventaja económica, medicinal y regulatoria, sigue tratando a la planta como enemiga.
El país necesita dejar atrás el modelo del show operativo y avanzar hacia una política que incluya al cannabis como aliado medicinal, herramienta de bienestar y potencial económico. La región avanza rápido y Paraguay no puede permitirse quedar fuera. Convertir a la planta en un recurso positivo es más sensato que seguir arrancándola de patios vacíos.