Un reciente estudio publicado en Addictive Behaviors analizó los datos de adultos estadounidenses entre 2015 y 2023 y detectó un giro histórico: el consumo solo de cigarrillos cayó de 10,8 % a 8,8 %, mientras que el uso exclusivo de cannabis subió de 7,2 % a 10,6 %. Por primera vez, el cannabis supera al tabaco como sustancia de uso mensual más frecuente.
El hallazgo revela una sustitución silenciosa: menos nicotina, más cannabinoides. Los autores señalan que este cambio responde a una percepción social de menor riesgo y a la expansión legal del cannabis medicinal y recreativo. Sin embargo, advierten que las políticas sanitarias deben actualizarse: el debate no puede seguir basado en la prohibición, sino en la reducción de daños y la evidencia científica.

La marihuana para uso recreativo es legal en 24 estados de EE. UU.
Lo que dice la ciencia: fumar no es igual a fumar
El nuevo patrón de consumo reabre la discusión sobre los efectos respiratorios. Diversos estudios demuestran que fumar cannabis no equivale a fumar tabaco. El humo del cigarrillo contiene más de 7.000 sustancias químicas y 70 cancerígenas, mientras que el del cannabis —aunque irritante— no presenta asociación clara con cáncer de pulmón en consumidores moderados.
Una revisión de la National Academies of Sciences (2017) y un metaanálisis en Frontiers in Pharmacology (2022) concluyen que la inhalación de cannabis sin tabaco produce menor daño respiratorio y cardiovascular, principalmente por la ausencia de nicotina y la presencia de cannabinoides con acción antiinflamatoria.
Aun así, la combustión genera partículas finas y monóxido de carbono. Por eso, la literatura médica recomienda métodos más seguros: vaporización, aceites sublinguales o consumo oral. En medicina, el riesgo no depende tanto de la sustancia, sino de la vía de administración. Este principio es clave para comprender la reducción de daños como política pública.
Aceite de cannabis sublingual
Impacto económico: cuando el humo también mueve capital
El desplazamiento del cigarrillo por el cannabis ya se refleja en la economía. En Estados Unidos, las ventas legales de cannabis superaron los 35 mil millones de dólares en 2024, según Statista, mientras el mercado del tabaco ronda los 25 mil millones y continúa en descenso. Frente a este escenario, las grandes tabacaleras —Altria, Philip Morris, British American Tobacco— han comenzado a invertir en empresas de cannabis y vaporizadores.
El 93% de los consumidores de cannabis dicen que sus amigos saben que lo consumen
El fenómeno implica un cambio estructural: los impuestos al tabaco, fuente histórica de recaudación sanitaria, podrían perder peso frente a un sector emergente que genera empleo, innovación y tributos. El desafío es regular el cannabis sin repetir los errores del tabaco, priorizando la salud y no la rentabilidad corporativa.
En Paraguay, la Ley 6007/17 regula el cannabis medicinal, pero el país sigue sin producción pública ni marco de reducción de daños. La industria tabacalera continúa concentrando beneficios, mientras el cannabis medicinal nacional aún no existe como alternativa económica o terapéutica viable.
Reducción de daños frente al prohibicionismo
El estudio de Addictive Behaviors sostiene que el auge del cannabis no debe interpretarse como un problema, sino como una oportunidad para rediseñar políticas basadas en evidencia y salud pública. El objetivo no es eliminar el consumo, sino hacerlo más seguro.
La reducción de daños incluye educación, acompañamiento y control de calidad. En el caso del cannabis, significa informar sobre dosis, vías de consumo y riesgos del co-uso con alcohol u otras drogas. De hecho, la OMS (2024) estima que el alcohol provoca más de 2,6 millones de muertes anuales, mientras que el cannabis no figura entre las diez principales causas evitables.
En Paraguay, el artículo 30 de la Ley 1340/88 permite la tenencia de hasta 10 gramos para uso personal o con receta médica, y la Ley 6007/17, artículo 2, obliga al Estado a garantizar el acceso a tratamientos con cannabis. Aun así, la política oficial sigue centrada en la represión. Si el mundo avanza hacia la regulación responsable, el riesgo no está en el cannabis, sino en seguir negando la evidencia.
Fuentes consultadas
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Pacek LR et al. “Trends in past-month co-use of tobacco and cannabis among U.S. adults, 2015–2023.” Addictive Behaviors, 2025.
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National Academies of Sciences, Engineering and Medicine. “Health Effects of Cannabis and Cannabinoids”, 2017.
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Frontiers in Pharmacology, 2022. “Comparative Effects of Cannabis and Tobacco Smoke.”
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Statista Market Outlook 2024 – mercado de cannabis en EE. UU.
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Ley 6007/17 y Ley 1340/88, República del Paraguay.