María Sabina Magdalena García nació en 1894 en Huautla de Jiménez, Oaxaca, y murió en 1985 a los 91 años. Fue una curandera mazateca que utilizaba los hongos silocíbicos como medicina espiritual. Los llamaba “niños santos”, porque creía que tenían voz y podían revelar la raíz del sufrimiento. En sus veladas combinaba cantos, rezos y silencio, guiando a los pacientes hacia una experiencia introspectiva y reparadora. Para ella, sanar era escuchar a la naturaleza y reconciliarse con el alma.
En 1955, el etnomicólogo R. Gordon Wasson asistió a una de sus ceremonias y la dio a conocer al mundo en Life Magazine (1957). Poco después, el micólogo Roger Heim llevó muestras de los hongos a Europa, donde el químico suizo Albert Hofmann, creador del LSD, aisló en 1958 la psilocibina, el principio activo de los hongos utilizados por Sabina. Es decir, la ciencia descubrió la molécula después de que ella ya la usara como medicina viva. Lo que la química explicó en laboratorio, María Sabina lo había comprendido desde la experiencia humana: el cuerpo se cura cuando la mente encuentra sentido.

Páginas del artículo de Wasson de 1957 en la revista Life.
De la montaña de Oaxaca a los laboratorios
Estudios del Imperial College London, liderados por Robin Carhart-Harris, demostraron que la psilocibina reduce la actividad de la red neuronal por defecto, asociada a la autopercepción y a los pensamientos repetitivos. Ese estado genera una mayor comunicación entre distintas regiones del cerebro y favorece la neuroplasticidad, es decir, la capacidad de reorganizar patrones mentales y emocionales.
Investigaciones de la Universidad Johns Hopkins, publicadas en JAMA Psychiatry (2021), mostraron que una o dos sesiones con psilocibina asistidas por terapia psicológica reducen significativamente los síntomas de depresión resistente, ansiedad y adicciones. En el Hospital Psiquiátrico Universitario de Zúrich, el equipo de Franz Vollenweider obtuvo resultados equivalentes, incluso con dosis únicas.
Lo que María Sabina describía como “los niños santos que hablan dentro de mí”, la neurociencia actual interpreta como una reconexión neuronal profunda que restaura equilibrio y sentido.

Una sesión de estudio sobre psilocibina en Johns Hopkins.
Las terapias modernas incorporan el principio ancestral del acompañamiento: preparación emocional, guía profesional o espiritual y entorno seguro. En algunos contextos se realiza en clínicas, y en otros, bajo supervisión de facilitadores o personas con conocimiento tradicional, continuando la línea de acompañamiento chamánico que Sabina ya representaba.
De los rituales ancestrales a las terapias reguladas
El modelo médico actual replica la estructura de las veladas mazatecas: preparación, acompañamiento y posterior integración de la experiencia. Hoy, países como Oregón (Estados Unidos), Australia, Canadá, Suiza, México, Brasil y más recientemente Nueva Zelanda, permiten la investigación y aplicación médica de la psilocibina bajo protocolos controlados. En el caso neozelandés, el psiquiatra Cameron Lacey de la Universidad de Otago fue autorizado a administrarla clínicamente a pacientes con depresión resistente.

Gordon Wasson y María Sabina
En todos los casos, la psilocibina no se legalizó para uso recreativo, sino para uso médico y terapéutico controlado, con acompañamiento profesional y seguimiento psicológico. Se trata de un modelo de salud mental basado en evidencia, no en consumo libre.
En Latinoamérica, varios países ya permiten el uso de hongos silocíbicos con fines de investigación clínica, y Paraguay también cuenta con un marco legal que lo habilitaría. El Decreto 5213/2005, que reglamenta la Ley 1340/88, autoriza el uso médico o científico de sustancias controladas mediante permisos especiales. No existen aún estudios clínicos ni protocolos en curso, pero el marco normativo permitiría comenzar ensayos experimentales con supervisión médica y ética.
Los nombres que acercaron su sabiduría al mundo
Además de Wasson y Hofmann, el pensamiento de María Sabina influyó en autores y científicos como Carlos Castaneda, quien estudió el chamanismo mesoamericano, y Jacobo Grinberg-Zylberbaum, psicólogo mexicano pionero en la investigación de la conciencia. Su figura también inspiró a músicos y artistas de la contracultura: John Lennon, Bob Dylan y Mick Jagger conocieron su historia y ayudaron a difundir su mensaje sobre la expansión de la mente.

El cantante británico habría visitado a la curandera mexicana en la sierra de Oaxaca
Sin embargo, la fama que llegó del exterior trajo consecuencias dolorosas. Su comunidad fue observada, controlada y estigmatizada por las autoridades; las visitas de extranjeros alteraron su entorno y ella perdió parte de su tranquilidad. Murió en 1985, pobre y vigilada, pero respetada por quienes reconocían su don.
Cuando decía “Antes los niños santos hablaban fuerte, ahora ya no hablan tan claro”, se refería a que la pureza de los rituales se había debilitado con la llegada de visitantes que buscaban experiencias, no curación. Su frase encierra una advertencia: cuando la medicina se separa del espíritu, pierde su fuerza.

Hoy, mientras los laboratorios redescubren el poder terapéutico de los hongos silocíbicos, la historia de María Sabina recuerda que ningún avance médico tiene sentido si olvida su origen humano y espiritual.
Fuentes:
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R. Gordon Wasson, “Seeking the Magic Mushroom”, Life Magazine, 13 de mayo de 1957.
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Albert Hofmann, LSD: mi hijo problemático, 1980 (capítulo sobre la síntesis de psilocibina).
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Robin Carhart-Harris et al., Proceedings of the National Academy of Sciences, 2012–2021.
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Roland Griffiths y Matthew Johnson, JAMA Psychiatry, Johns Hopkins University, 2021–2023.
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Franz Vollenweider et al., Neuropsychopharmacology, Universidad de Zúrich, 2019; Mariguay, “Nueva Zelanda aprueba el uso terapéutico de hongos alucinógenos”, 2025.